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Pachuca de Soto, la bella airosa, la del origen del
balompié mexicano y de la larga tradición minera,
tiene, además de minerales, una gastronomía que le
viene de muy lejos y de muy cerca. De los indígenas
retoma sutilezas como el escamol, el chinicuil y los
gusanos de maguey. Novohispanos o mestizos son el
mixiote, la barbacoa y la cecina. Y de allende el mar,
importados de Britannia son sus pastries, que
conocemos como pastes y que le han dado una fama sólo
superada por la pasión futbolera.
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