IZAMAL

La llaman la ciudad amarilla y no hace falta más que verla para darse cuenta de que el nombre es una referencia muy literal. Pero lo más impresionante de este pequeño poblado colonial es su enorme convento: con una gigantesca capilla abierta, diseñada para evangelizar a la mayor cantidad de indígenas. Izamal es famosa por la mezcla cultural que alberga y desde el convento de Nuestra Señora de Izamal pueden apreciarse una serie de montañas que en realidad no son otra cosa que pirámides mayas que circundan al pueblo.

Actividades

Arqueología

 

Hacia 1553, en Izamal el conquistador decidió, recurriendo a una táctica de sobra conocida, construir un convento superpuesto a una pirámide. Acaso pensó que así conjuraba el espíritu de Itzamná, dios rector de los itzáes, y que quizá de esa forma podría cancelar su memoria. Kinich Kak Moo, su gran pirámide, sobrevivió este afán constructivo y desde sus 10 niveles nos recuerda, en esencia, los ritos prehispánicos. Sólo podemos especular cómo era Pap-Hol-Chac antes de la llegada de los franciscanos, y lucubrar qué dioses descansan bajo el convento de San Antonio de Padua.

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Pueblo Mágico

 

En la impronta de Izamal se puede descifrar la historia de México, un presente mestizo y devoto construido sobre una larga tradición prehispánica. Las 12 colinas que lo perfilan corresponden al antiguo asentamiento maya, mismo que fue parcialmente desmontado para erigir los edificios coloniales. El Conjunto Conventual de Nuestra Señora de Izamal es el mejor ejemplo, construido sobre un templo indígena recibió, en 1992, la visita del pontífice Juan Pablo II. En 2002 se le designó Pueblo Mágico, su historia apasionante y su bucólica belleza lo exigían.

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