PÁTZCUARO

Esta ciudad colonial, que vista desde alguna montaña es un rompecabezas de techos de teja roja, también es un hervidero de artistas e intelectuales que encontraron un lugar inspirador para establecerse. En los restaurantes que dan a la plaza principal, convergen turistas y habitantes con ganas de probar el delicioso café o la gastronomía de la región. Es indispensable visitar la Casa de los 11 patios, con talleres de artesanías, probar las nieves de los portales y perderse entre los puestos del mercado.

Actividades

Tesoros de México

 

El lago es de Pátzcuaro tanto como la ciudad es del lago. Siempre en su margen y congelado en el tiempo, este poblado nos transporta a toda la historia de Michoacán. Piedra y adobe encalados, colorados desniveles de teja, la presencia constante de un humanista visionario, Don Vasco de Quiroga, que quiso salvar no sólo el alma indígena sino también al individuo purépecha. En este pueblo donde la tierra toca el agua y la historia a la nobleza, el viajero dará de lleno con ese bello y dramático tesoro del contacto entre opuestos.

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Arte Popular

 

Quien tenga una predilección particular por la madera no puede dejar de visitar la Plaza Vasco de Quiroga. Guitarras, sillas, baúles, adornos, collares, todo lo que venga de un árbol y que sea artesanal ahí se puede encontrar. Cerca de la basílica y en la Casa de los Once Patios el tema es el mismo. Siendo el centro comercial de la región de los lagos, en Pátzcuaro también se pueden encontrar el barro negro, los instrumentos musicales, el cobre y demás artesanías de la zona; pero lo suyo, lo suyo, es la madera.

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Sitios Naturales

 

Camine al final del pueblo, hacia los muelles, y verá el atractivo natural de Pátzcuaro, su lago. Allá lejos estará Janitzio, con su monumental efígie de Morelos; en su puño extendido puede entrar a un mirador que domina la isla. Yunuen y Pacanda le quedarán cerca pero siempre en lancha; vale la pena visitarlas si lo que busca es intimidad y merecido relajamiento. El trayecto desde el pueblo de Pátzcuaro a las islas es en sí mismo delicioso, con suerte verá a los pescadores con sus redes como alas.

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Pueblo Mágico

 

De todos los pueblos mágicos de México quizá ninguno tan merecido como Pátzcuaro. Por su notable relevancia histórica, por sus empedrados y tejas coloradas, por ser un pueblo purépecha de lengua viva y por todo lo demás que usted tiene que ver, en 2002 se le clasificó de esa manera. En la Plaza Gertrudis Bocanegra está la biblioteca, en las paredes de la misma un mural de O?Gorman que narra la epopeya michoacana. Visítela y váyase a la Plaza de Quiroga, siéntese a comer un helado de pasta, piense en que platicaría con el Tata Vasco.

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Música, danza e indumentaria

 

La cultura purépecha es un carnaval sensorial: festín de colores, catarata de música, estampida de danza. En la isla de Janitzio nos agita la Danza del Pescado Blanco; en las plazas del pueblo nos deleitan melodías tarascas o sones michoacanos. En las fechas propicias vemos mujeres con su terso guanengo de finos bordados y esa falda, a la que llaman ?corte?, que siempre es oscura; los hombres van con faja tejida sobre un traje de manta. La música suena, la fiesta comienza, estamos en Pátzcuaro.

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Comunidades tradicionales

 

La biografía de Pátzcuaro es reflejo de la crónica del pueblo purépecha. Su historia se remonta siete siglos en el tiempo; primero capital del reino tarasco, eventualmente se convirtió en centro religioso. Fue, digamos, refundada, cuando el Tata Vasco vino a sanar el mancillado corazón indígena y salvó el trance de la conquista con su ingenio y bondad. Tradiciones como la del Día de Muertos atestiguan su honda conciencia étnica, y la dulce melodía del idioma p?urhé se oye todavía hoy en la boca de sus habitantes.

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