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Arte, buena gastronomía e historia conviven en una de las
ciudades preferidas de México, declarada Patrimonio Cultural
de la Humanidad en 2008. Fue importante por su intervención
en la Independencia y por ser testigo del barroco mexicano,
hoy lo es por sus restaurantes y sus mansiones coloniales
convertidas en hoteles boutique. Aunque en el Parque Benito
Juárez sea normal escuchar lenguas de todo el mundo, la
ciudad conserva detalles como los lavaderos públicos, la
Parroquia de San Miguel o la Casa de los Condes de la Canal
que confirman su pasado glorioso.
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Actividades
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Bicentenario
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Tan cerca de Dolores, San Miguel El Grande no podía
quedar al margen de la insurgencia independentista,
por eso sus casas y bodegas almacenaron armas y
municiones. No pocos de sus hijos, como los hermanos
Aldama e Ignacio Allende (quien ahora le da nuevo
nombre a la ciudad), intervinieron en la lucha armada
que eventualmente le valió a México su Independencia.
Si ya de por sí se antoja caminar sus lindas calles
empedradas, la invitación a imaginar estos gloriosos
tiempos al recorrerlas es irresistible.
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Patrimonio de la Humanidad
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San Miguel de Allende aún conserva sus aires
coloniales, con una arquitectura representativa del
virreinato y una catedral de estilo neogótico que se
contempla a medio pasmo desde su plaza principal. La
UNESCO declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad
este conjunto de calles y plazas coloniales en donde
se respira arte y cultura a todas horas. Se trata de
una ciudad pequeñita con un patrimonio enorme y una
población cosmopolita.
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Tesoros de México
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Muchos llegaron aquí atraídos por un clima y una
arquitectura impecables. Muchos nunca se fueron porque
se dieron cuenta de que además la vida se respiraba
mejor. Ahora entre todos, los que se quedaron y los
que ya estaban, han armado una ciudad ecléctica con
algunas de las mejores galerías del país y una oferta
gastronómica que no le envidia nada a la de las
grandes ciudades. Las casonas coloniales convertidas
en hoteles boutique, los bares con acentos de todo el
mundo y el descanso garantizado ya son cosa de todos
los días.
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Paisaje Rural
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San Miguel de Allende es tierra de imperdibles
encantos naturales. Todo empieza desde adentro en las
pródigas huertas de frutas del Parque Benito Juárez.
En las afueras, hay que dejar caer al ambiente bohemio
en el olvido para recorrer la reserva ecológica El
Charco del Ingenio, con senderos ideales para el
ciclismo y la caminata que conducen al jardín botánico
de cactus y a los restos de un acueducto colonial.
Otra opción para adentrarse en el paisaje es recorrer
la presa a caballo y luego buscar refugio en las aguas
termales.
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Arquitectura
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La extraña mezcla de fantasía y gótico que, inspirada
en postales francesas, logró el albañil indígena
Zeferino Gutiérrez en la Parroquia de San Miguel
Arcángel tiene que contemplarse desde varios ángulos
y, si es posible, en la noche, cuando se ilumina como
luciérnaga en medio de la plaza. No se queda atrás la
concha del Templo de Nuestra Señora de la Salud con su
ojo que todo lo ve ni los excesos dorados del Oratorio
de San Felipe Neri. La arquitectura en San Miguel de
Allende es otro motivo para visitarla.
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