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HISTORIA DEL DISTRITO FEDERAL DE MEXICO

Los españoles llegaron al territorio que actualmente es el Distrito Federal por Itztapalapan, en julio de 1519. Siguieron su camino por la calzada de Itztapalapan hasta la capital tenochca, donde Hernán Cortés fue recibido por Moctezuma Xocoyotzin el 8 de noviembre de 1519. En 1520, Pedro de Alvarado (en ausencia de Cortés) arremetió contra los mexicas en la Matanza de Tóxcatl. Este hecho fue el punto por el que los mexicas iniciaron hostilidades contra los invasores europeos.

Aviamex - Pintura Historia de México DF

Durante la conquista Hernán Cortés tuvo como traductora a la Malinche, que fue la que le ayuda en la comunicación con los aztecas, sobre este personaje se han creado varias leyendas.

Ruinas del Templo Mayor, en la ciudad de México, en sustitución de Moctezuma - muerto por los españoles - Cuitláhuac fue elegido tlatoani de Tenochtitlan. Encabezando la resistencia contra la ocupación española, derrotó a los invasores y sus aliados indígenas el 30 de junio de 1520. Por aquella época también tuvo lugar una desastrosa epidemia de viruela, que cobró miles de vidas, entre ellas, la del propio Cuitláhuac. Como sustituto de Cuitláhuac fue elegido Cuauhtémoc. Le tocó enfrentar el asedio de los españoles aliados con los indígenas del valle de Puebla-Tlaxcala. Cuauhtémoc se rindió, luego de múltiples derrotas de los mexicas y tlatelolcas, el 13 de agosto de 1521. Época virreinal



Tiempo en Ciudad de México

CLIMA

Por su altura sobre el nivel del mar, el Distrito Federal ocupa climas que van desde el templado hasta el frío húmedo y tundra alpina en las partes más altas de las sierras del sur.

La temporada húmeda en el Distrito Federal abarca de mayo a noviembre, si bien la pluviosidad es mayor entre los meses de junio y agosto. La última nevada sobre la ciudad de México ocurrió el 12 de enero de 1967 en la que nevó en toda la ciudad de México completa.

El patrón de las lluvias indica que son más abundantes mientras mayor sea la altitud de un sitio. Por ello, las partes bajas cercanas al vaso del lago de Texcoco suelen ser más secas que las cumbres del Ajusco. De igual manera, la altitud condiciona la temperatura y los ecosistemas en el Distrito Federal. La zona que comprende el norte de Iztapalapa, los territorios de Iztacalco y Venustiano Carranza y el oriente de Gustavo A. Madero es la región más seca y templada. En contraste, las cumbres de Chichinauhtzin y el Ajusco están cubiertas de bosques de pino y encino, donde aún es posible encontrar algunas especies animales salvajes como el teporingo (endémico de las regiones volcánicas del centro de México), serpientes de cascabel y aves de diferentes especies.



UBICACIÓN

La Ciudad de México es el Distrito Federal, capital de los Estados Unidos Mexicanos y sede de los poderes federales de la Unión, de la que constituye una de sus 32 entidades federativas.

La Ciudad de México es el centro político y económico del país y es, a su vez, la tercer metrópoli más poblada del mundo, sólo después de Tokio (Japón) y São Paulo (Brasil)



MAPA DE MEXICO DF

Mapa de México DF


Descargar Mapa de México DF en alta resolución

DISTRITO FEDERAL DE MÉXICO

La Ciudad de México, la metrópoli más antigua de América, se ubica en la región del Altiplano Central (a una altura de 2,240 msnm), cobijada por los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl y se distingue por tener el mejor clima del mundo, con una temperatura promedio anual de 22°C.

Aviamex - México Df

Conocida anteriormente como la "Ciudad de los Palacios", la Ciudad de México cuenta con dos zonas declaradas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: su Centro Histórico, engalanado con bellos edificios religiosos e históricos como: la Catedral Metropolitana, uno de los monumentos arquitectónicos más importantes de América; el Palacio Nacional, en cuyo patio interior podrá admirar los espectaculares murales donde Diego Rivera plasmó su visión de la historia de México; o el Palacio de Bellas Artes, hermosa construcción de estilos art nouveau y decó, que aloja uno de los recintos culturales y artísticos más importantes de la ciudad. Y el Parque Ecológico de Xochimilco, considerado por muchos como la "Venecia mexicana", por sus bellos canales que pueden ser recorridos a bordo de una "trajinera" (curiosa embarcación de madera adornada con flores).

Si su interés es cultural, la Ciudad de México ofrece una gran variedad de museos como: el Museo Nacional de Antropología, el Museo Nacional de Arte y el Museo Nacional de Historia (alojado en el Castillo de Chapultepec), donde podrá admirar estupendas colecciones que reflejan la evolución artística e histórica del país, desde la época prehispánica hasta nuestros días. Al norte, podrá visitar la Basílica de Guadalupe, el segundo santuario más visitado en el mundo después de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, una escala obligada para quienes quieren conocer aun más sobre las costumbres y tradiciones de la ciudad. A todo esto hay que agregar que la Ciudad de México es un enclave cosmopolita, donde la herencia de la tradición colonial se combina con un amplio abanico de actividades propias de una ciudad moderna: compras en bazares y mercados de artesanías, como los de los barrios de Coyoacán y San Ángel, o bien en exclusivas boutiques y plazas comerciales, como las que se encuentran en Santa Fe y la zona de Polanco, rodeadas del glamour y el confort de sus hoteles y restaurantes de categoría internacional.



Rutas y alrededores


Tranvía del Centro Histórico.

Aviamex - Palacio de Bellas Artes

Recorre los puntos más interesantes del Centro Histórico mediante un programa de ocho rutas distintas, que le permitirán apreciar edificios históricos de gran trascendencia, mientras escucha las leyendas y anécdotas que los envuelven. Visitará la Catedral Metropolitana, el Palacio de Bellas Artes, el Colegio de San Ildefonso, la Plaza de Santo Domingo y mucho más. Cada paseo tiene un día y horario específico, pero puede pedir información en la Coordinación de Paseos Culturales del Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México, al Tel.: (55) 5512 1012 Ext. 0230. La salida es en la explanada del Palacio de Bellas Artes de lunes a domingo. No pierda la oportunidad de hacer este recorrido de gran riqueza cultural.



Circuito Turístico Turibús.

Aviamex - Zona Polanco

Al subirse en este autobús panorámico iniciará un agradable recorrido, de casi 3 hrs., por las principales calles y avenidas de la ciudad, admirando las construcciones que engalanan su Centro Histórico, el corredor Reforma, la exclusiva zona de Polanco y la Av. de los Insurgentes, así como la arquitectura art decó y nouveau de las colonias Roma y Condesa y de los modernos edificios de Santa Fé. Horarios: todos los días del año excepto el 25 de diciembre y 1 de enero, de 9:00 a 21:00 hrs. Los boletos se venden a bordo de la unidad y tienen diferentes costos.


LEYENDA DE DIOSES

Los más antiguos mexicanos creían en un dios llamado Tonacatecuhtli, quien tuvo cuatro hijos con su mujer Tonacacihuatl. El mayor nació todo colorado y lo llamaron Tlatlauhqui. El segundo nació negro y lo llamaron Tezcatlipoca. El tercero fue Quetzalcóatl. El más pequeño nació sin carne, con los puros huesos, y así permaneció durante seis siglos. Como era zurdo lo llamaron Huitzilopochtli. Los mexicanos lo consideraron un dios principal por ser el dios de la guerra. Según nuestros antepasados, después de seiscientos años de su nacimiento, estos cuatros dioses se reunieron para determinar lo que debían hacer. Acordaron crear el fuego y medio sol. pero como estaba incompleto no relumbraba mucho. Luego crearon a un hombre y a una mujer y los mandaron a labrar la tierra. A ella también le ordenaron hilar y tejer, y le dieron algunos granos de maíz para que con ellos pudiera adivinar y curar. De este hombre y de esta mujer nacieron los macehuales, que fueron la gente trabajadora del pueblo. Los dioses también hicieron los días y los repartieron en dieciocho meses de veinte días cada uno. De ese modo el año tenía trescientos sesenta días. Después de los días formaron el infierno, los cielos y el agua. En el agua dieron vida a un caimán y de él hicieron la tierra. Entonces crearon al dios y a la diosa del agua, para que enviaran a la tierra las lluevias buenas y las malas. Y así fue como dicen que los dioses hicieron la vida.


Nuestra Señora Virgen de Guadalupe

La Virgen Santísima se apareció en el Tepeyac, México, a Juan Diego, indio Chichimeca, el 12 de diciembre de 1531, apenas diez años después de la conquista de México. La madre de Dios viene para dar a conocer el avangelio a sus hijos nativos del nuevo continente y para mostrar y dar todo " Su amor y compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa Madre". Nuestra Señora Virgen de Guadalupe, cuna de la fe cristina, en el nuevo continente, pero que llegara por su fuerza, amor y entrega hasta el viejo continente, haciendo que vuelva la esperanza en los corazones de las personas en toda la tierra.

Durante cuatro días la Virgen se había comunicado con Juan Diego hablándole en su propia lengua, el náhualtl. Al identificarse, María usó la palabra "coatlallope"; un sustantivo compuesto formado por "coatl" o sea, serpiente, la preposición "a" y "llope", aplastar; es decir, se definió como "la que aplasta la serpiente". Otros reconstruyen el nombre como "Tlecuauhtlapcupeuh" que significa: "La que precede de la región de la luz como el Aguila de fuego". De todas formas el vocablo náhualtl sonó a los oídos de los frailes españoles como el extremeño "Guadalupe", relacionando el prodigio del Tepeyac con la muy querida advocación que los conquistadores conocían y veneraban en la Basílica construida por Alfonso XI en 1340. En España existían dos advocaciones a la Virgen de Guadalupe, en Cáceres y en La Gomera. Sin embargo la Guadalupe Mexicana es original. ¡La Virgen se comunicó de manera que la entendiesen tanto los indios como los españoles!.

Un sábado de 1531 a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego, iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a clase de catecismo y a la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó que le llamaban de arriba del cerro diciendo: "Juanito, Juan Dieguito". Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas le dijo: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?... sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive; del Creador cabe quien está todo; Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa pues yo soy vuestra piadosa madre; a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en Mí confíen; oír allí sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores. Y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo, que aquí en el llano me edifique un templo: le contarás puntualmente cuanto has visto y admirado y lo que has oído... Hijo mío el más pequeño; anda y pon todo tu esfuerzo" Él se arrodilló y le dijo: "Señora mía, ya voy a cumplir tu mandado; por ahora me despido de ti, yo tu humilde siervo". Y se fue de prisa a la ciudad y camino al Palacio del Obispo, que era Fray Juan de Zumárraga, religioso franciscano. Cuando el Obispo oyó lo que le decía el indiecito Juan Diego, no le creyó. Solamente le dijo: "Otro vez vendrás, hijo mío y te oiré más despacio, lo veré muy desde el principio y pensaré en la voluntad y deseo con que has venido". Juan Diego se volvió muy triste porque no había logrado que se realizara su mensaje. Se fue derecho a la cumbre del cerro y encontró allí a la Señora del Cielo que le estaba aguardando. Al verla se arrodilló delante de Ella y le dijo: "Señora, la más pequeñas de mis hijas, Niña mía, fui a donde me enviaste a cumplir tu mandado; aunque con dificultad entré a done es el asiento del prelado; le vi y expuse tu mensaje, así como me advertiste; me recibió benignamente y me oyó con atención; pero en cuanto me respondió, pareció que no la tuvo por cierto... Comprendí perfectamente en la manera que me respondió, que piensa que es quizás invención mía que Tú quieres que aquí te hagan un templo y que acaso no es de orden tuya; por lo cual, te ruego encarecidamente, Señora y Niña mía, que a alguno de los principales, conocido, respetado y estimado le encargues que lleve tu mensaje para que le crean porque yo soy un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda, y Tú, Niña mía, la más pequeña de mis hijas, Señora, me envías a un lugar por donde no ando y donde no paro." Ella le respondió: "Oye, hijo mío el más pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad. Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por enero mi voluntad, que tiene que poner por obra el templo que le pido."

Pero al día siguiente el obispo tampoco le creyó a Juan Diego y le dijo que era necesaria alguna señal maravillosa para creer que era cierto que lo enviaba la misma Señora del Cielo. Y lo despidió. El lunes, Juan Diego no volvió al sitio donde se le aparecía nuestra Señora porque su tío Bernardino se puso muy grave y le rogó que fuera a la capital y le llevara un sacerdote para confesarse. Él dio la vuelta por otro lado del Tepeyac para que no lo detuviera la Señora del Cielo, y así poder llegar más pronto a la capital. Mas Ella le salió al encuentro en el camino por donde iba y le dijo: "Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro que ya sanó... Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre del cerrillo, allí donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas; en seguida baja y tráelas a mi presencia." Juan Diego subió a la cumbre del cerro y se asombró muchísimo al ver tantas y exquisitas rosas de Castilla, siendo aquel un tiempo de mucho hielo en el que no aparece rosa alguna por allí, y menos en esos pedregales. Llenó su poncho o larga ruana blanca con todas aquellas bellísimas rosas y se presentó a la Señora del Cielo. Ella le dijo: "Hijo mío el más pequeño, esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás al obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla: Tú eres mi embajador, muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas. Contarás bien todo; dirás que te mandé subir a la cumbre del cerrillo que fueras a cortar flores; y todo lo que viste y admiraste; para que puedas inducir al prelado a que te dé su ayuda, con objeto de que se haga y erija el templo que he pedido." Juan Diego se puso en camino, ya contento y seguro de salir bien. Al llegar a la presencia del Obispo le dijo: "Señor, hice lo que me ordenaste, que fuera a decir a mi Ama, la Señora del Cielo, Santa María, preciosa Madre de Dios, que pedías una señal para poder creerme que le has de hacer el templo donde ella te pide que lo erijas; y además le dije que yo te había dado mi palabra de traerte alguna señal y prueba, que me encargaste, de su voluntad. Condescendió a tu recado y acogió benignamente lo que pides, alguna señal y prueba para que se cumpla su voluntad. Hoy muy temprano me mandó que otra vez viniera a verte; le pedí la señal para que me creyeras, según me había dicho que me la daría; y al punto lo cumplió: me despachó a la cumbre del cerrillo, donde antes yo la viera, a que fuese a cortar varias rosas de Castilla (...). Ella me dijo por qué te las había de entregar; y así lo hago, para que en ellas veas la señal que pides y cumplas su voluntad; y también para que aparezca la verdad de mi palabra y de mi mensaje. He las aquí: recíbelas". Desenvolvió luego su blanca manta, y así que se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa imagen de la Virgen María, Madre de Dios, tal cual se venera hoy en el templo de Guadalupe en Tepeyac. Luego que la vieron, el Obispo y todos los que allí estaban, se arrodillaron llenos de admiración. El prelado desató del cuello de Juan Diego la manta en que se dibujó y apareció la Señora del Cielo y la llevó con gran devoción al altar de su capilla. Con lágrimas de tristeza oró y pidió perdón por no haber aceptado antes el mandato de la Virgen. La ciudad entera se conmovió, y venían a ver y admirar la devota imagen y a hacerle oración; y le pusieron por nombre la Virgen de Guadalupe, según el deseo de Nuestra Señora. Juan Diego pidió permiso para ir a ver a su tío Bernardino, que estaba muy grave. El Obispo le envió un grupo de personas para acompañarlo. Al llegar vieron a su tío estaba muy contento y que nada le dolía. Y vinieron a saber que había quedado instantáneamente curado en el momento en que la Santísima Virgen dijo a Juan Diego: "No te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro de que ya sanó". El Obispo trasladó a la Iglesia Mayor la santa imagen de la amada Señora del Cielo. La ciudad entera desfilaba para admirar y venerar la Sagrada Imagen, maravillados todos de que hubiera aparecido por milagro divino; porque ninguna persona de este mundo pintó su preciosa imagen. (hasta aquí el relato indio del siglo XVI).

Fuente: www.corazones.org



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