La Magia de las Tradiciones y la Naturaleza
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Destinos que integran la ruta |
MORELIA |
SANTA CLARA DEL COBRE |
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Un paseo por el Centro Histórico es suficiente para revelar la majestuosidad de Morelia, fundada en 1541, y que durante la Colonia alojó a familias españolas de abolengo. Aún hoy conserva el esplendor virreinal, pero también es una ciudad dinámica, sede de uno de los festivales de cine más importantes de México. Al caer la tarde la catedral se ilumina, abren los bares, las calles se llenan de puestos de delicias locales y, en medio de un paseo nocturno, no es raro encontrarse a un trovador contando las leyendas de la ciudad. |
Aquí, una olla es mucho más que un utensilio para cocinar. Detrás de ella se encuentra la historia de una ciudad que ha hecho del cobre su identidad, la materia prima de objetos que pueden ir de un simple cazo hasta las más barrocas creaciones decorativas. Aunque existe un Museo del Cobre, con piezas sobresalientes, es mejor visitar los talleres familiares, dentro de casitas blancas con techos de teja roja, para observar la fabricación de cada objeto y conocer las costumbres de los hospitalarios habitantes. |
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TZINTZUNTZAN |
PÁTZCUARO |
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La zona arqueológica que aquí se encuentra es una mirada a lo que fue la capital de la cultura tarasca. Sus construcciones piramidales contrastan el ex convento franciscano que se encuentra en el la plaza del pueblo, rodeado de olivos que plantó el mismo Vasco de Quiroga. A unos pasos de ahí se ubica el mercado de artesanías, donde artistas locales trabajan la madera; en sus calles también hay talleres de palma, con la que se crean desde figuras religiosas hasta zoológicos completos (con todo y animales fantásticos). |
Esta ciudad colonial, que vista desde alguna montaña es un rompecabezas de techos de teja roja, también es un hervidero de artistas e intelectuales que encontraron un lugar inspirador para establecerse. En los restaurantes que dan a la plaza principal, convergen turistas y habitantes con ganas de probar el delicioso café o la gastronomía de la región. Es indispensable visitar la Casa de los 11 patios, con talleres de artesanías, probar las nieves de los portales y perderse entre los puestos del mercado. |
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SANTA FE DE LA LAGUNA |
URUAPAN |
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Sentarse en la plaza a contemplar la vida local es un placer: las mujeres ataviadas con trajes regionales, los feligreses entrando y saliendo de la iglesia colonial, así como el trajín de los puestos de verduras y flores. En este pueblo, Vasco de Quiroga fundó el primer hospital del estado, y hoy aún se conservan y exhiben algunos objetos que le pertenecieron al ilustre clérigo. Por años se ha trabajado la alfarería vidriada, y las piezas son casi tan bellas como la experiencia de platicar con quienes las fabrican. |
Es la segunda ciudad más importante del estado de Michoacán, y aunque su Centro Histórico conserva la arquitectura virreinal —su catedral y el hospital La Huatápera son sólo dos ejemplos—, es una ciudad llena de vida con cada vez más opciones de entretenimiento. Su Parque Nacional Barranca del Cupatitzio es un paradisiaco lugar para contemplar las maravillas naturales de la región: frondosos árboles, exóticas flores y hasta palmeras. Aquí son expertos en el maque o laca, una técnica con la que se producen bateas, jícaras, máscaras y cajas deliciosamente elaboradas. |
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CAPULA |
IXTAPA - ZIHUATANEJO |
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Hay que hacer una parada en este pequeño pueblito colonial, que se mantiene aislado del crecimiento de otras regiones de Michoacán, para recorrer sus calles blancas y sentir que se viaja a otra época. La tradición alfarera es centenaria, sin embargo, los artesanos le dieron un giro al retomar las famosas catrinas de José Guadalupe Posada para convertirlas en elegantes figuras de mil tamaños, colores y estilos. Sin embargo, macetas, soles y otras figuras también se siguen produciendo. |
Lo que fue una playa secreta a la que incluso los emperadores aztecas acudían, en los ochenta se convirtió en un desarrollo turístico con grandes hoteles, tupidas palmeras y cocteles a la orilla de la alberca. Sin embargo, la ciudad hermana, Zihuatanejo, aún conserva la vida de los costeños, y ahí puede encontrarse artesanía, gastronomía y bares que atraen tanto a locales como a viajeros que buscan conocer la vida “real” de los lugareños y divertirse como ellos. |
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TINGAMBATO |
ACAPULCO |
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Quizás el mayor encanto de este sitio arqueológico es que muchos turistas cometen el error de omitirlo, y por esa poca afluencia de visitantes se pueden recorrer sus construcciones piramidales, el área de juego de pelota y las amplias áreas verdes con total libertad. También vale la pena recorrer la plaza del pueblo, donde se encuentra el Templo de Santiago Apóstol (una sencilla construcción del siglo XVII), recorrer sus calles y probar las carnitas, las corundas y el atole. |
La escapada por excelencia de los habitantes de la ciudad de México es un lugar que tiene muchas caras: desde la más lujosa, protagonizada por modernos desarrollos hoteleros en la playa, hasta aquel Acapulco nostálgico en el que ricos y famosos de otras décadas se asolearon y divirtieron, y que hoy guarda un encanto que las nuevas construcciones no pueden igualar. Muy cerca de la bahía se encuentran Pie de la Cuesta y Barra Vieja, playas menos atiborradas de gente, en las que es posible relajarse y tomar el sol. Y frente a la playa de Caleta, en isla La Roqueta, está sumergida la Virgen de los Mares. |
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Todo confluye en esta gran urbe, la más antigua del continente americano: edificios coloniales, vestigios prehispánicos y la vorágine de la vida contemporánea. Su variedad de espacios culturales y de sitios patrimoniales le han conferido su carácter cosmopolita. Sus barrios, todos distintos, ofrecen experiencias bohemias, sofisticadas, divertidas, de aprendizaje y mucho más. Pero conocer el Centro Histórico, donde todo se originó, es sin duda imprescindible. Y en el abanico de posibilidades del Distrito Federal no falta el ámbito rural, cápsulas de paz verde como las que ofrecen paseos por los canales de Xochimilco.

Uno de los estados más diversos, donde lo mismo se conservan tradiciones indígenas, como se presume su legado español. Sus atractivos van desde la ciudad colonial de Morelia, Patrimonio de la Humanidad, hasta playas vírgenes como Maruata, Nexpa o Faro de Bucerías, pasando por pequeños pueblos tradicionales que rodean el lago de Pátzcuaro y el santuario de la mariposa monarca. En Michoacán nacieron personajes que cambiaron al país, como los independentistas José María Morelos y Josefa Ortiz de Domínguez, y el ex presidente Lázaro Cárdenas.

¿Por dónde empezar? Están las playas, por supuesto, con la famosísima bahía de Acapulco a la cabeza, pero también Ixtapa con su fina arena o Playa Paraíso y su ambiente juvenil. El centro del estado vio nacer al prócer de la patria que le da nombre, Vicente Guerrero, y lo mismo abarca históricas ciudades que naturaleza. La región montañosa es la que mejor conserva sus tradiciones y paisajes: bosques, valles, cañadas, cascadas y ríos, al igual que ritos y costumbres. Es un estado rico en artesanías y en el que pueden practicarse deportes extremos.
